¿En verdad ve usted viable lo propuesto? / En opinión de Ángel Verdugo

La expectación generada por el primer Paquete Económico totalmente propio de la presente administración fue, sin duda, mayor que la que solían generar los de los cinco gobiernos anteriores. La razón estriba, pienso, en la visión que del crecimiento económico (y de la gobernación toda) tienen, tanto López y su equipo, como los legisladores que integran ambas fracciones parlamentarias de Morena en el Congreso de la Unión.

Para decirlo claro, dicha visión está profundamente arraigada en el pasado y en algunos aspectos, en el antepasado; la llegada a la gobernación de una visión como ésa, vino a querer destruir el modelo de desarrollo que debió reemplazar al que cayó hecho pedazos allá por el año 1987 del siglo pasado. El actual, es un modelo que dejó la visión endógena y la sustitución de importaciones del anterior, para construir una economía de mercado e integrada activamente a la globalidad.

Este modelo es el que funciona hoy, prácticamente en todos los países; a excepción de un puñado de ellos, el mundo está inmerso desde hace decenios en la apertura económica y la integración a la globalidad.

Varias características de aquel modelo anquilosado e inviable debimos desechar desde ese año trágico para México (1987), y para los mexicanos todos. Entre otras, la presencia aplastante en la economía de un Estado obeso; ver el gasto público como el instrumento por excelencia para lograr crecimiento económico y el aislamiento del resto del mundo y una economía cerrada cuyo atraso era, para ese año, además de evidente, nefasta.

También, debimos abrir a la competencia casi todas las actividades económicas; estimular y facilitar el papel del sector privado como motor del crecimiento y como coronación de los profundos cambios estructurales que debimos concretar, actualizar buena parte del caduco, opresivo y viejo andamiaje jurídico en lo económico.

Pocos años después, en 1994, para reforzar nuestros esfuerzos en pro de una economía de mercado, entró en vigor lo que fortaleció la permanencia de aquellos cambios y muchos otros de índole similar: el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Tres decenios después, la apertura de nuestra economía y la incorporación activa a la globalidad son los basamentos de una nueva forma de hacer negocios y buscar el crecimiento económico. Es más, en estos 32 años hemos cambiado la vieja visión de la tarea del gobierno para que éste juegue, ya en la apertura, el papel que le corresponde en una economía de mercado.

Es en este contexto donde, con una propuesta inconcebible por su inviabilidad, López y su equipo —junto con sus legisladores— irrumpen en la escena política con una consigna insensata, por la imposibilidad de concretarla; ésta, si no fuere porque la he escuchado centenas de veces en poco más de nueve meses, me atrevería a afirmar que, nadie en su sano juicio se atrevería a plantear que el pasado es el mejor de los futuros, menos aún a destruir lo avanzado para pretender regresar al pasado.

La llegada de López al gobierno y lo hecho estos meses desde el 1 de diciembre del año 2018 a la fecha, se han traducido en propuestas cuyo único fin no ha sido ni lo será, mejorar lo que funciona y corregir lo que no. Por el contrario, su objetivo es desmantelar lo construido al margen de si funciona o no, para reemplazarlo todo con un modelo a imagen y semejanza del que cayó hecho pedazos en el año 1987. Hoy, el Paquete Económico entregado al Congreso busca apoyar este último objetivo que es, en esencia, un sueño de opio, algo irrealizable.

La pregunta entonces, que a la luz de las intenciones del presente gobierno debemos hacernos hoy —los verdaderamente interesados en el futuro del país y el crecimiento de la economía—, debería estar centrada en la viabilidad del despropósito del actual gobierno: ¿En verdad podrán desmantelar lo construido? ¿En verdad el Paquete Económico y sus propuestas —en cuanto a ingresos y gasto se refiere—, facilitará la destrucción que se ha propuesto llevar a cabo López y su gobierno?

Sujeto a que usted analice lo que planteo arriba, le puedo asegurar —sin temor a equivocarme— que López, junto con su equipo y sus legisladores, por más esfuerzos que hagan no destruirán lo que tanto ha costado construir en más de treinta años. Hay y habrá en México, por muchos años más, economía de mercado e integración a la globalidad.

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